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Nearshoring y educación: el talento que México necesita para aprovechar la oportunidad

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En los últimos años, el nearshoring se ha presentado como una de las grandes oportunidades económicas para México. La cercanía con Estados Unidos, la integración productiva de América del Norte y la experiencia manufacturera del país lo colocan en una posición favorable para recibir nuevas inversiones.

Sin embargo, atraer empresas no es suficiente. Para que esta oportunidad genere empleos de calidad y mayor desarrollo, México necesita contar con el talento adecuado.

¿Qué es el nearshoring?

El nearshoring ocurre cuando una empresa traslada parte de su producción o de sus proveedores a un país cercano a su mercado principal.

Por ejemplo, una compañía que vende sus productos en Estados Unidos puede decidir fabricar componentes en México, en lugar de hacerlo en Asia. Esto permite reducir tiempos de traslado, responder con mayor rapidez a los cambios del mercado y disminuir algunos riesgos logísticos y geopolíticos.

México tiene varias ventajas para beneficiarse de este proceso:

  • Cercanía geográfica con Estados Unidos.
  • Acceso preferencial al mercado norteamericano mediante el T-MEC.
  • Una base manufacturera y exportadora ya consolidada.
  • Experiencia en industrias como la automotriz, electrónica, aeroespacial y de dispositivos médicos.
  • Una amplia red de instituciones técnicas y universidades.

Por estas razones, la OCDE considera que el nearshoring representa una oportunidad histórica para atraer inversión, elevar la productividad e integrar a más empresas mexicanas en las cadenas globales de valor. (OCDE)

¿Qué tan importante puede ser para México?

El gobierno federal ha colocado la relocalización productiva entre los componentes centrales del Plan México. Para 2030 plantea generar 1.5 millones de empleos adicionales en manufactura especializada y sectores estratégicos, como automotriz, aeroespacial, electrónica, semiconductores, farmacéutica y química.

El mismo plan propone formar cada año a 150 mil profesionistas y técnicos adicionales, con preparación alineada a estos sectores. Esto muestra que la política industrial y la política educativa comienzan a concebirse como partes de una misma estrategia. (Plan México)

Pero el impacto no será automático. La OCDE advierte que México también debe resolver problemas relacionados con infraestructura, energía, agua, conectividad, seguridad jurídica y productividad. A esta lista se suma una condición especialmente importante: disponer de trabajadores con las habilidades que requieren las nuevas inversiones.

El principal reto: no basta con tener más egresados

México cuenta con una base considerable de estudiantes y profesionistas en áreas científicas y tecnológicas. El problema es que su formación no siempre coincide con las especialidades, habilidades y ubicaciones que demanda la industria.

Actualmente, 68% de los empleadores en México reporta dificultades para encontrar los perfiles que necesita. Las brechas son particularmente visibles en manufactura avanzada, inteligencia artificial, análisis de datos, ciberseguridad y servicios de computación en la nube. (BID)

Al mismo tiempo, 46% de la matrícula universitaria se concentra en diez carreras tradicionales. Los egresados de ciencias exactas y computación representan únicamente 8% del total, mientras persisten vacantes en áreas estratégicas. (IMCO)

La discusión, por lo tanto, no debería limitarse a formar más ingenieros. México necesita especialistas en automatización, robótica, mantenimiento industrial, sistemas embebidos, calidad, logística, análisis de datos y otras funciones concretas.

La formación técnica puede tener un papel central

Una licenciatura requiere cuatro o cinco años. En contraste, las carreras técnicas, certificaciones y microcredenciales pueden responder con mayor rapidez a los cambios del mercado laboral.

Esto convierte a los bachilleratos tecnológicos, el CONALEP, las universidades tecnológicas y politécnicas y los programas de capacitación continua en actores fundamentales.

Sin embargo, todavía existe una distancia considerable entre las metas y la realidad. Durante el ciclo 2025-2026, solo 7,711 estudiantes del CONALEP participaban en formación dual, equivalentes a 2.4% de su matrícula. El Plan México pretende llevar este modelo a toda la educación media superior técnica hacia 2030.

La formación dual permite que el estudiante aprenda una parte del tiempo dentro de una empresa. Bien implementada, puede reducir la distancia entre lo enseñado en el aula y las competencias que realmente se utilizan en el trabajo.

Ya están apareciendo nuevas respuestas educativas

Algunas instituciones han comenzado a desarrollar programas más vinculados con sectores estratégicos:

  • La Universidad Autónoma de Aguascalientes y SEMTECH colaboran en una maestría en diseño electrónico y circuitos integrados.
  • La Universidad Autónoma de Guadalajara y NXP crearon una microcredencial en microcontroladores y sistemas embebidos.
  • El BID, CONALEP, Cisco, Google Cloud e IBM impulsan un programa que integra certificaciones digitales y formación en empresas.
  • Las autoridades educativas trabajan en nuevos currículos y microcredenciales relacionados con semiconductores.

Estos ejemplos anticipan un posible cambio de modelo: programas más cortos y flexibles, diseñados junto con empresas y actualizados con mayor frecuencia.

Una oportunidad distinta para cada región

Las necesidades educativas no serán iguales en todo el país. Los perfiles requeridos por la industria aeroespacial de Querétaro o Chihuahua son distintos de los que demanda la electrónica en Jalisco, la electromovilidad en el Bajío o los dispositivos médicos en Baja California.

Por ello, la oferta educativa debería planearse alrededor de las vocaciones productivas regionales y no únicamente desde una perspectiva nacional.

El reto para las instituciones consiste en identificar qué industrias están creciendo en su entorno, qué ocupaciones necesitan y qué competencias concretas deberían desarrollar sus estudiantes.

El principal aprendizaje

El nearshoring puede beneficiar a México, pero la proximidad geográfica por sí sola no garantiza el desarrollo.

La oportunidad dependerá de que empresas, gobiernos e instituciones educativas construyan mecanismos permanentes de colaboración. Esto supone fortalecer la educación técnica, ampliar la formación dual, actualizar los programas con mayor rapidez e incorporar competencias digitales, inglés y experiencia práctica.

México no necesita solamente más egresados. Necesita un sistema educativo capaz de anticipar y responder a la transformación productiva.

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